sábado, 21 de marzo de 2009

Cigarras en pleno marzo


Caminando, como casi todos los días, en un parque de la ciudad, hoy, debido a que mi mp3 se quedó sin pilas, me vi obligada a no escuchar la música acostumbrada. En cambio, mi caminata se vio amenizada por el canto de las aves, escondidas en las copas de los frondosos árboles, la conversación de la gente que va caminando en grupo, y, algo que me llamó la atención: el alegre ciseo de las cigarras.
Las cigarras, esos alegres insectos sonoros que parecen repetir una y otra vez su letanía ruidosa, por lo general, pueblan nuestros árboles en el apogeo del verano, en los meses de diciembre a enero, incluso febrero, y son típicos pobladores de nuestra siesta tropical, cuando el sol calienta la tierra en su máxima capacidad. Es por eso que me sorprendió escucharlos, hoy, en pleno marzo, cuando el otoño ha comenzado. Aunque, claro, tampoco es tanta la novedad si se piensa que el calor aun es superior a los treinta grados. Es un signo más de lo alocado y desorientado que está nuestro ecosistema y la Tierra en general. Está tan alterado que los lapachos florecen en cualquier momento; la flor de coco - típicamente usada para perfumar el pesebre de Navidad - ya da sus frutos a comienzos de noviembre, mucho antes de las fechas navideñas. En fin, las frutas ya no tienen estación. Cada vez más plantas llegan a nuestro conocimiento sólo por referencias en los libros o el decir de las personas mayores. Ya no las conocemos en forma directa, porque se han extinguido. Otras, tristemente, siguen el mismo camino, y lo mismo ocurre con muchas especies de animales. Ya lo dije anteriormente, y se hace necesario repetirlo, el culpable de este caos es el hombre, la raza humana que se enseñorea sobre la naturaleza, destruyéndola, ultrajándola, buscando únicamente su comodidad de hoy, sin preocuparse por el mañana y menos aun por las generaciones futuras.
Fuera de la sorpresa y alegria de escuchar el canto de las cigarras, en un otoño recién nacido, es hora de tomar consciencia y cuidar de la naturaleza que aun nos queda, preservar los árboles y plantas en general, los animales, el agua, tirar la basura donde corresponde, etc... Nada es poco cuando se trata de cuidar y proteger la Casa donde vivimos.

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