viernes, 13 de marzo de 2009

¿Qué hacemos con ellos?


En las calles de Asunción, y creo que en muchas otras del planeta, pululan rostros sucios, miradas sin esperanza y pies descalzos, vestidos con arapos. Son los niños de la calle, esa triste realidad que nos saluda día con día cuando paramos nuestros vehículos ante los semáforos. ¿Ya les ha pasado? Me imagino que sí. Se detienen en un semáforo y de la nada aparecen niños y niñas armados con herramientas para limpiar el vidrio, ofreciendo algún producto o, simplemente, pidiendo con voz lisongera, una moneda. Y la reacción casi automática es rebuscarse en algún compartimiento del auto, quizás junto al cambio, sacando alguna moneda, después de todo, ¿qué nos hace a nosotros una simple monedita menos?... Pero, ¿qué pasa luego? ¿Quien es el beneficiario de esa moneda entregada casi con un sentimiento de culpa? Si fuera para que ese niño que, desde luego no debería estar allí junto al semáforo sino en una escuela aprendiendo a leer y escribir, sería como un granito de arena, un bien. Pero, la mayoría de las veces, ese niño después de tomar la moneda en cuestión, sale corriendo rumbo a un lugar, a veces escondido, a veces desfachatadamente a la vista, donde se sienta una mujer adulta, bien alimentada, arapienta quizás, pero que, en lugar de buscar trabajo esta allí, haciendo a sus hijos mendigar. Y hasta ocurre que muchas veces no son sus hijos, sino niños recogidos de otros padres inescrupulosos que los venden para ser usados de esa manera. ¿Y para que sirve esa dichosa moneda? Por lo general para que ese adulto se compre su bebida alcohólica...
Entonces, la pregunta del millón de lo que sea es, ¿qué hacemos? ¿Cómo erradicamos este cáncer? En un país como el nuestro donde la educación y la salud son relegados a un último plano, es muy dificil que un problema tan profundo como los niños de la calle tenga solución. Existen las entidades benéficas que ponen un poco de sí para ayudar a esas víctimas del desamparo, y hacen muchas cosas loables, pero el problema sigue ahí, limpiándo nuestro parabrisas todos los días en cualquier semáforo, sufriendo maltratos de todo tipo. Lo ideal - ideal, no real - sería llevarlos a todos a un lugar donde tengan comida, ropa limpia y donde puedan aprender a leer y escribir, prepararse para un futuro mejor que su presente. Digo que no es real porque es imposible o aun no se ha logrado abarcarlos a todos. Muchas veces se los recoge y ellos vuelven a la calle, vuelven a ese hervidero de influencias dañinas que lejos de convertirlos en personas con futuro las va moldeando para hacerse delincuentes. Es muy doloroso. Más doloroso aun es no encontrar una respuesta a esa triste realidad, una respuesta que cambie esa imagen. ¿Qué se les ocurre que podemos hacer?

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