sábado, 28 de marzo de 2009

Un ejemplo digno de imitar


Todos los sábados cuando voy a caminar en el Parque de la Salud, veo una escena que me conmueve mucho. Un señor de edad con dificultades para caminar, que avanza por el parque poco a poco, apoyado en dos personas, sus hijos quizas, rodeado de su familia. Junto a ellos caminan también otros miembros más, todos pendientes de ese hombre de cabello ya blanco. Resulta inspirador ver como su familia lo rodea, lo alienta seguramente y ahí estan dándole una mano. No debe ser fácil, cada uno tendrá su día en que esta cansado, malhumorado, quizás ese señor también tenga sus días, pero aun asi, todos los sábados esta escena se repite. Yo lo interpreto como una muestra de amor, una muestra de cariño por esa persona que seguramente cuando ellos eran niños dio la vida por ellos, sudo y sufrio para que no les faltase nada y hoy la posta se ha pasado a los hijos o los nietos. Hoy son ellos los encargados de cuidarlo, de protegerlo, de hacer las veces de papá. ¡Que gran honor! ¿Verdad? Lin Yutang se compadecía de aquel que no tiene el privilegio de cuidar de sus padres ancianos. Y es que en la China, como ya les conté, ellos veneran a las personas de edad, a quienes consideran sabias por los años que les ha tocado vivir en esta tierra. En cambio en la cultura occidental, despreciamos la edad avanzada, despreciamos los cabellos blancos - corremos a la peluquería, yo también lo hago, para teñirnos si es que aparece una pequeña canita blanca - y despreciamos las arrugas, olvidando la sabiduría que ha tejido cada cana y cada arruga.
No es fácil cuidar de los padres cuando estos ya son ancianos, es en realidad a veces hasta una lucha cotidiana, y por supuesto, cada caso es distinto y no es posible alzarse en calidad de juez para juzgar a nadie si lo que hace esta bien o mal, si por ponerlo en un asilo lo esta abandonando o le esta queriendo prodigar un mejor cuidado. Por supuesto, nos espanta - a los latinos por lo general - la idea de relegar en otros un papel que sinceramente o no, creemos que nos corresponde. En lo personal, lo considero un honor, una riqueza, una fuente de aprendizaje de vida constante, un regalo que pocas veces apreciamos. Otra vez quiero aplaudir desde aqui a esas personas - no se sus nombres y no es eso lo que importa sino su gesto - y quiero compartirlo con ustedes como un ejemplo de amor, un ejemplo de entrega aunque no sea más que por un par de horas todos los sábados.

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