miércoles, 11 de marzo de 2009

Una invitación a la aventura


El ser humano es inquieto y, por lo general, busca la aventura, la adrenalina, el riesgo y hay personas que se enfrascan en deportes extremos buscando satisfacer así ese deseo, esa necesidad de salir de la rutina y probar sus límites. Esa gente merece un aplauso, ya sea por su locura o por su coraje. Pero ocurre que no todos tenemos aptitudes o quizas el deseo de quebrarnos los huesos para ir más alla de nuestro monótono vivir. Para esas personas, y, por que no, también para quienes practican deportes de riesgo, les invito a iniciar una aventura diferente. Sólo necesitan un poco de tranquilidad - no demaciada -, un lugar donde sentarse, buena luz y UN LIBRO. La aventura comienza cuando abren ese libro y empiezan a leer sus palabras impresas.
No es una locura ni mero excentrismo decir que al leer un libro podemos meternos en una aventura. ¿Qué es sino introducirse en ese mundo de letras y símbolos que van formando historias, verdaderas o inventadas? Historias que hacen a nuestra mente recrear imágenes de lugares talvez lejanos y hasta mágicos. Leer un libro es perderse, aunque más no sea por unos minutos, en una historia que se va dibujando ante nuestros ojos, involucrándonos con el personaje, haciendo que vivamos sus emociones, sus dudas, sus miedos y sus esperanzas. Es tanto lo que se puede encontrar en un libro, ya sea del género que sea, se trate de una historia épica, un romance primaveral o de otoño, o un cuento infantil, sus posibilidades son tan ilimitadas como lo es la imaginación del ser humano.
Con tanta abundancia al alcance de las manos, y con solo pasar las páginas del libro que nos gusta, resulta triste ver que se esta perdiendo esa vieja costumbre, ese antiguo placer. Los niños, y los adultos también, estudian de folletos - resúmenes entrecortados de libros mal digeridos - y la gente prefiere la versión cinematográfica a las páginas impresas del best seller de la misma trama. Considerando que es más sencillo y más rápido ver la película, olvidan que esas adaptaciones, la mayoría de as veces sacrifican en favor del tiempo, la riqueza de la palabra escrita. No es de extrañar que en ocasiones esas adaptaciones sean tan recortadas que el resultado es una confusa mezcla de imágenes que parecen un cuadro abstracto de esos que solo el artísta que lo realizó entiende.
Es importante retomar este viejo y buen hábito de la lectura y más importante aun, inculcar en los niños ese gusto. Si queremos que los niños lean, debemos hacerlo nosotros primero. Esta comprovado que los niños copian todo lo que hacen los adultos, incluso lo malo. Así que si constantemente ven a sus padres con un libro en la mano, no tardará en picarles el bichito de la curiosidad. Así que lean y dejen que ellos también formen parte de esta interminable aventura.

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