sábado, 25 de abril de 2009

Hijos como carnes de cañón



Toda criatura, niño o niña, nace con derechos inalienables adquiridos en el momento mismo de su concepción. Entre esos derechos, los más básicos son el derecho a tener un nombre, es decir, ser reconocido por sus progenitores y el derecho a recibir una asistencia integral de parte de estos. Cuando ambos o uno de ellos no cumple, estan previstas las pautas para reclamar ese cumplimiento, resguardando, ante todo, los intereses de ese niño o niña. Así por ejemplo, se inicia ante las instancias tribunalicias respectivas la demanda por filiación, cumpliendo los recuados necesarios, presentando pruebas, etc. En nuestro país, como en casi todos en la región, el Código de la Niñez y la Adolescencia se encarga de legislar claramanete cada paso a seguir. Y en todo ese cuerpo de ley se advierte que el interés máximo que lo guía es el interés del niño en nombre de quien se inicia esa demanda. Lo que está mal - malícimo realmente - hacer, es exponer al niño a traumas innecesarios. En un juicio de filiación, por ejemplo, el único momento en que el juez requerirá la presencia del menor ante sí o ante la persona asignada será, si se pidiera, a la hora de llevar a cabo la prueba del ADN, es decir, para la extracción del material a estudiar. Es muy raro que el juez o la jueza de la Niñez y la Adolescencia requiera la presencia del menor afectado en su despacho. Así, no es necesario llevarlo el día que se presenta la demanda ante la secretaría correspondiente, o e la mesa de entrada. Por eso me parece espantoso que una madre que reclama un derecho para su hijo lo lleve ante las cámaras de la televisión, lo exponga de manera innecesaria, usándolo como carne de cañón, a la espera quizás de la compasión ajena. Se sabe bien que la prensa no tiene reparos para hacer preguntas que pueden resultar traumáticas para una criatura que no llega ni a los siete años, y, aunque tuviera más. Nadie objeta un reclamo hecho con todas las de la ley, pero no es necesario someter a una criatura a la abierta injerencia de gente que a quien solo puede interesarle morbosamente la existencia de ese niño.
No es necesario dar nombres, no es necesario apuntar con el dedo a nadie. Tampoco el ánimo es ponerse del lado de quien no cumplió, de ser verdad la demanda, ese deber previsto por la naturaleza y reconocido plenamente en la ley, pero, hay formas y formas. Lo mismo pasa en los juicios de divorcio, fuera y dentro de las salas tribunalicias, donde los hijos son chantajeados emocionalmente por sus padres, obligados a competir por ambos. Es verdad que los niños de hoy dia no son tontos y no se les puede ocultar nada, ya que ellos lo perciben todo, pero, no por eso es necesario someterlos al escrutinio público, al que poco le importa su desarrollo y su integridad emocional.

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