miércoles, 29 de abril de 2009

A los maestros en su día


Siendo orgullosa hija de una maestra, no puedo dejar pasar el "Día del Maestro" sin decir nada. Es verdad que todos tenemos capacidad de enseñar algo, y ya lo señalaba el poema anónimo del Desiderata podemos aprender del ser más pequeño e impensable. Pero, es cierto también que hay personas que han decidido sacrificar su vida para hacer llegar a otros todo el conocimiento posible, abriéndole puertas que antes estaban cerradas, guíandoles en nuevos caminos. Hablo de aquellos que, por un camino u otro, han elegido la enseñanza como profesión. Son esos trabajadores del saber mal reconocidos y mal pagados que día con día dejan su sudor, sus fuerzas y hasta sus lágrimas en las aulas, buscando que los niños y jóvenes se superen. Ellos hacen el trabajo silencioso y metódico del jardinero que cuida cada planta con un cariño y una atención especial. Por supuesto, aun en este gremio encontramos de todo, desde esforzados humanos que no reciben una remuneración por el empeño diario, hasta quienes utilizan el magisterio para alcanzar metas políticas que nada tienen que ver con la enseñanza. Mi homenaje es para quienes abrazan el magisterio convencidos de la importancia que su trabajo opera en la socidad. Ante ellos, me pongo de pie y los aplaudo, esperando que alguna vez, ese sueño que hoy parece utópico de que el trabajo de los maestros sea debidamente reconocido, sea una realidad.
A los maestros y maestras que nos enseñan con su ejemplo: ¡GRACIAS!

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