miércoles, 22 de abril de 2009

Lugo: ¡Basta de sorpresas desagradables!


Señor Presidente de la República, talvez esta carta abierta nunca llegue a sus ojos, pero aun así, tantas manchas a la imágen de nuestro país, hace necesario este pedido: ¡Basta de sorpresas desagradables! La juventud y la población en general que le votó hace un año atrás, hoy se siente desilusionada con tantas sorpresas, con tantas indefiniciones suyas... No estoy hablando de los hijos que día con día reclaman su paternidad. Es tarea de la Justicia resolver esas denuncias en su contra. Esa es cuestión de su consciencia como hombre y como persona privada cumplir su obligación a ese respecto.

Lo que a mí como ciudadana y paraguaya me interesa es lo que esta haciendo o dejando de hacer como Presidente de la República. Es loable su notoria buena voluntad y preocupación por los problemas sociales que son un cáncer en este país, pero no es suficiente. Es cierto que recién empieza, pero la triste imágen que usted da es de querer dar el gusto a todos y eso, como debe saberlo, es imposible. Lo que reclamo es su actuar incoherente en los manejos del país. Un día dice blanco, y al siguiente dice negro, dejándonos mareados a todos y sin aliento... Ojalá tomara su trascendente papel en la historia de nuestro país con mayor y notoria seriedad. Este país necesita que, como cabeza, se ponga las pilas y lo gobierne, por supuesto, no como un Dictador, sino con seriedad, seguridad, sin cambiar camaleónicamente sus desiciones. Por favor, cuando estos escandalos privados le den un poco de espacio, siéntese en su despacho a solas y abra nuestra Carta Magna en el artículo 238 DE LOS DEBERES Y ATRIBUCIONES DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA. Nunca está demás refrescar la memoria y cumplir lo que juró ante el pueblo y ante Dios. Por favor, señor Lugo, ya no manche la cara de nuestro país con acciones como la firma, a espaldas de quienes le votamos, de ese dudoso acuerdo con Venezuela. Ya no endeude al país, más de lo que se encuentra. Cuando va por la calle, resguardado tras el blindado de su vehículo presidencial, mire más allá de su ventanilla, mire con atención esos rostros sucios de los niños de la calle. Puede que no tengan su sangre, pero también son, de cierta forma sus hijos, los hijos abandonados de toda la sociedad. Ese es el rostro de nuestro presente, y lo será del futuro si no se hace algo efectivo respecto a ese problema y millones más que enfrenta nuestra sociedad. No es preciso que le recuerde que nuestros mayores problemas afectan a la salud y educación de nuestro pueblo empobrecido. Y si necesita ayuda, pídala. Recurra a la ciudadanía.... Sea coherente en sus decisiones, y puedo asegurarle que más personas estarán dispuestas a ayudarle. Cuando elija a sus asesores y colaboradores, cuide que sean personas próbas, que estén realmente comprometidas con el país y no solo con su bolsillo.

Señor Lugo, usted es hoy el rostro público que representa nuestro país. Por favor, déje de mancharlo con tantas incoherencias. Haga algo respecto a esos supuestos hijos si es que son suyos y póngase las pilas para gobernar este país que necesita, como un barco, un timonel.

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