viernes, 17 de julio de 2009

¿Es necesario que la gente muera para tomar conciencia de las cosas?


La semana que ahora llega lentamente a su fin, empezó para nuestro país con la trágica noticia de un ómnibus de pasajeros que cayó a un arroyo al cruzar un puente en calamitoso estado. Se perdieron vidas humanas, seis en total, incluídos el chofer y el guarda, cuyos cuerpos, aun no fueron encontrados. Al mirar el noticiero, no resulta extraño por qué el vehículo de pasajeros cayó al agua. Es un verdadero suicidio cruzar un puente como ese, y lo cierto es que ese viejo puente de madera rota y carcomida es sólo un ejemplo de muchos puentes que están en igual o peor estado, utilizados porque no hay otro camino, desafiando a la muerte que, en esta ocasión, se cobró sus víctimas. Los caminos y puentes en mal estado no son una novedad, sino historia vieja y reiterada. Lo triste es que un puente tenga que cobrarse vidas humanas para que tomemos consciencia del peligro que representan. Lo mismo ocurrió con el incendio del Ycua Bolaños - la tragedía paraguaya más grande en tiempos de paz - tuvieron que fallecer quinientas personas para que recordemos que vivimos en edificios y construcciones que no cumplen los requisitos mínimos de seguridad para situaciones de incendio, etc. Las pocas cosas que hacemos, lo hacemos todo a medias, y, lo que es peor, dejamos todo en manos de un gobierno inoperante. Ese es nuestro mal como paraguayos, nos dejamos estar, y no nos organizamos para mejorar nuestra situación y nuestra seguridad, esperamos todo de arriba y eso se ve en los caminos, en esos puentes que parecen sacados de una película vieja, retratos de un siglo anterior al presente. Así dicho, resulta hasta romántico, pero lo peor es que para que siquiera nos preocupemos de cosas así, primero parece necesario que ocurran tragedias como estas para que al menos tomemos conciencia, y para movernos quien sabe qué será necesario. Esa es una trágica radiografía de la idiosingracia de nuestro pueblo. Es hora de luchar contra esa apatía, al menos en el pequeño espacio en que cada quien se mueve.

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