jueves, 10 de septiembre de 2009

La locura, la ignorancia y la religión mal entendida


Días atrás, nuestro país se desayunó con una historia por demás macabra. Una mujer, que se cree la Virgen María y que consideraba a su hijo Jesús, mató con sus propias manos a su inocente hijo de tan sólo 3 años, aduciendo que lo hacía porque la criatura estaba poseída por el demonio. La información completa de este tema pueden leerlo en todos los diarios locales y en la web, por ejemplo en el diaro ABC en su edición digital: http://www.abc.com.py/2009/09/09/nota/22351-Mujer-torturaba-al-hijo-pensando-que-estaba-pose%C3%ADdo/
Una acción como esta sólo puede explicarse como consecuencia de la locura, una locura que va acompañada de la ignorancia y una religión mal entendida y fanática, porque, de ninguna manera puede pretenderse que el torturar y matar tan salvajemente a una inocente criatura, a su propio hijo, sea un mandato divino. Dios es amor y vida, no muerte y tortura, solo un fanatísmo exacerbado, de la mano de una ignorancia ciega y la locura pueden hacer creer a una persona que Dios aplauda matar al propio hijo de esta forma tan atroz. Esa criatura fue nada más la víctima de la locura de su madre, a quien me atrevo a llamar psicópata. Es verdad, serán los psiquiatras los encargados de evaluar el grado de su locura y más aun el grado de consciencia con la cual actúo. Una tarea nada agradable y sencilla, por cierto.
La mente humana es, aún hoy, todo un misterio para las ciencias. Digo esto queriendo señalar el hecho de que muchos asesinos crueles a quienes el vulgo tildaría de locos, son cien por ciento conscientes de la consecuencias de sus actos. Al respecto de esta mujer, quien dice no arrepentirse de haber matado a su hijo, a quien cree poseso, es de esperarse que los especialistas puedan diluscidar si su locura es tal que ella no entienda la consecuencias de sus actos, o, si sólo se finge convencida de papel de salvadora de la humanidad, para escapar a la justicia. No, no es tarea fácil. Y lo único que nos queda por hacer a nosotros - el común de la gente - es rezar por el alma de esa inocente víctima y porque la justicia cumpla al fin su rol.

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