viernes, 27 de noviembre de 2009

Rige la ley del yo- yo


Se acerca fin de año y la falta total de respeto por las leyes de tránsito empeora en esta época. Rige la ley de la selva, o, mejor dicho, la ley del yo-yo. La gente parece manejar como si cruzara el desierto, como si fuera el único ser en este planeta. Se adelantan sin cuidado alguno, las motos - las malditas motos - salen de la nada y hay que hacer malabarismos para esquivarlas, el semáforo en rojo es un mero objeto decorativo. Más trascendencia que el semáforo tienen los enormes carteles de propaganda que los ocultan tras sus vistosas fotografías. A cada quien lo que le importa es llegar a su destino, pise a quien pise, cada quien solo piensa en su propio beneficio y su comodidad.
Lo mismo sucede con lo que estacionan su vehículo en cualquier parte, si, textualmente cualquier parte, incluso sobre la vereda que, hasta donde yo se, fue hecha para el uso peatonal, para que las personas caminen, pero eso jamás le importó a quien no tuvo mejor idea que convertir la vereda en su estacionamiento personal.
Bajo la ley del yo-yo manejar se volvió un juego de adivinanzas, y hay que tener verdaderos poderes psiquicos para saber qué piensa hacer el que va adelante, o el que sale de la nada, doblando en nuestras narices sin siquiera poner una luz de señalización (otro mero objeto decorativo). El egoísmo y la irresponsabilidad al manejar, y sin mencionar siquiera a los que hacen uso de la droga popular, el alcohol, para sentarse tras el volante de sus vehículos o los motociclistas que creen que el uso del casco es optativo, se traducen en lo que vemos a diario, accidentes que solo van en aumento, sumando vidas humanas que se ven afectadas y también truncadas gracias a esa forma egoísta de conducir.
No es necesario cambiar las leyes de tránsito, lo que si hace falta es cumplirlas, ser responsables y saber que cuando tomamos el mando de un vehículo, de la clase que sea, no solo respondemos por nuestras vidas, sino también por quien va con nosotros y por los que se crucen en nuestro camino. No vivimos en una burbuja, sino en una comunidad donde, por lo menos en teoría los derechos y las obligaciones existen

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