viernes, 9 de julio de 2010

Diario de Pheobe, segunda entrada

DIA 2

Hablar de día 2, como segundo en el calendario no es ajustado a la realidad, ni mucho menos. Puede que el primer día que empecé a escribir aun no haya acabado y yo simplemente necesitaba seguir escribiendo, o talvéz han pasado cinco días desde que todo esto comenzó. Convengámos entonces que esta es la segunda entrada, sin importar el día.
En la primera entrada, no tuve tiempo de presentarme en forma. Estaba apurada, aun lo estoy. Apenas pude decir mi nombre, el nombre ficticio que solo tiene razón de ser en este diario. ¿Cómo soy entonces? Bueno, el ser que habita, viste, grita, llora, ríe, mete la pata y se pasea por el mundo físico, es algo distinto al ser que llevo dentro, o que quisiera ser... Vaya novedad, siempre queremos ser lo que no somos. Un detalle, me considero una pelirroja rebelde, pero, según mi peluquera y gracias a unas canas tempranas e inoportunas, no puedo ni pensar en usar ese color de pelo. Mi cabello en realidad es castaño, o rubio castaño, o ya ni tengo idea... Pero, por dentro, la pelirroja rebelde que siempre rompe el molde está más viva que nunca y dispuesta a dar la cara.
¿Cuantos años tengo? ¡Eso no se le pregunta a una dama! Pero, además, los números son sólo números, y a veces, la edad cronológica no coincide con la edad emocional. Y a mí me han dicho - una psicologa - que mi edad emocional quedó embarrada en la adolescencia. ¿Será? ¿Tanto asi? ¿Es acaso el hecho que sea una enamoradiza empedernida la que hace posible que una especialista llegue a esa conclusión? Para colmo de males, una enamoradiza sin suerte, pues solo se enamora de imposibles. Desde el cantante de rock que vive en el lejano planeta Marte, pasando por el compañero de facultad para quien practicamente es invisible, hasta uno con cara de angelito extraviado con más pajaritos en la cabeza que esta servidora... ¡La verdad es de locura! Y mientras tanto, la romántica Phoebe (yo) sufre sus amores imposibles, construyendo castillos en el aire, desmadejando poemas tristones, sin encontrar otra respuesta más que la soledad.
Pero bueno, para hablar de la soledad se necesita mucho tiempo, y hoy, no lo tengo, en otra entrada quizás. Por ahora la tinta virtual se ha agotado, aunque aun quedan en el tintero muchas palabras que trazar. Mientras tanto, me despido a quien sea que lea esto, a nadie en realidad, a mí misma quizás. Ya volveré.
Phoebe

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