viernes, 22 de abril de 2011

Tejiendo historias 1 el mail, cuarta parte

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Al día siguiente, aun con un sol radiante, mi cabeza estaba en las nubes. Mi mente parecía desconectada para cualquier cosa que no fueran las escasas palabras de su correo electrónico. Varias veces, la gente que me rodeaba debía darme un tirón de orejas para que saliera de la burbuja donde me encontraba y volviera a la realidad.
Y yo pensaba que lo había superado... Después de tanto tiempo, luego de intentar reemplazar ese sentimiento por otros, luego de procurar en forma inútil fijarme en otras personas, y rendirme al ver que era imposible, realmente creí que lo había superado, que ya sus palabras no me conmoverían de esa manera, que sus ojos negros no me perseguirían más como una cruel pesadilla, pero ahí estaba yo, en las nubes, recordando lo que no había sido más que amistad, una amistad a la que quise poner alas, sin éxito.
- Vuelve al presente. - me recriminé en voz alta, y el cajero del supermercado me miró como si estuviera loca.
Yo le sonreí y sentí que me ruborizaba, ni aún haciendo las compras del supermercado podía alejarlo su recuerdo de mi mente. Me preguntaba si en los tres años de no vernos había cambiado mucho, probablemente no. ¿Había cambiado yo? Mire mi reflejo en el espejo retrovisor cuando subí a mi auto. Mi cabello estaba corto y algo más oscuro, con sus rulos rebeldes al natural. Decían que me quedaba bien... no se. Al menos mis ojos claros destacaban más. No estaba ni más flaca ni más gorda, pero definitivamente nadie me contrataría jamás para una propaganda de productos dietéticos, al menos que necesitaran para la parte del "antes". Me arreglaba más que antes, pero en el fondo me sentia igual, algo más triste puede ser, pero no había cambiado mucho.
¿Había cambiado él?
Esa tarde al abrir mi correo, otro mail suyo me esperaba. Llegaría dentro de una semana. (continuará)




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