viernes, 8 de abril de 2011

Tejiendo historias 1 el mail, tercera parte

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"Hola, tanto tiempo" - empezaba el mail, y mi cabeza no pudo evitar transportarse tiempo atrás, al día mismo en que lo conocí. Fue en un curso de conversación de inglés al que me anoté para no perder la costumbre del idioma...
Llegue un poco tarde, debido a que mi coche había decidido darme una de sus sorpresitas. Estaba acelerada, apurada y me senté en el primer lugar que encontré en la clase abarrotada de personas.
- Cuidado. - dijo alguien y entonces me di cuenta que casi me siento encima de un muchacho.
Automáticamente me sonroje y me empecé torpemente a disculpar. El sonrió y me mostró la silla libre que había a su lado. Solo después de que me ubique pude apreciar mejor aquella sonrisa, amplia, generosa y esos ojos negros que la acompañaban. Soy pésima para ponerle edad a las personas, pero con su cabello oscuro, ondulado y la sonrisa casi infantil, supuse que no tendría más de veinte años. Resolví entonces concentrarme en la clase.
Y asi empezamos a hablar, a estudiar juntos, a compartir muchos momentos que se fueron sumando y sumando y que fueron dando vuelta en mi cabeza, haciendo que mis defensas cayeran, y me enamoré, sin razón, aun sabiendo que no me corespondía. Momentos de alegría y de tristeza... Incluso celos infundados, celos que debía guardármelos para mi, pues nada podía reclamar. Y luego una despedida calurosa. Él se había ido a trabajar a otro país, y, aunque al principio nos comunicabamos por correo electrónico y esporádicos chats, el silencio se había apoderado de nuestra amistad.
Muchas veces había tenido la intención de escribirle, de preguntarle cómo estaba, pero no me animaba por temor a que no me contestara, o peor a que contestara, contando que había encontrado a alguien especial... Pero, bueno, si asi fuera, ¿qué podía reclamar? Solo podía sentirme feliz.
"... disculpa tan prolongado silencio" - continuaba diciendo - "Estuve muy ocupado, aquí el trabajo no es una joda. Pero no puedo quejarme, me va bien. Incluso pude ayudar a mi madre con el pago del terreno que compró hace poco..." y así seguía contándome sus peripecias en el lejano país europeo. Después, casi al terminar, agregaba: "dentro de poco ire de visita y, como en mi casa mi madre no tuvo más remedio que alquilar todas las habitaciones, quería pedirte un favor muy grande, algo que no puedo perdirle a nadie más...¿puedo quedarme en tu casa?"
... Mi corazón dio un brinco en mi pecho y por un momento temí que su agitación despertara a mis padres. Tenía los ojos abiertos como platos ante la sorpresa. ¡El estaba pensando en volver y quería quedarse en mi casa!
Entre la alegría y otros sentimientos encontrados, no conseguía poner mis ideas en orden. Me puse a contestar su mail, tratando de concentrarme. Claro que podía quedarse en casa.... mis padres lo recibirían con los brazos abiertos....¿O no?...De eso me encargaría más tarde, por el momento, volví a leer su mail con detenimiento, para contestarle con un poco de cordura, mientras tanto afuera la noche avanzaba en la oscuridad de la madrugada. Pronto el reloj marcaría las tres de la mañana, dejandome a penas dos horas para dormir, algo que me importaba muy poco. (continuara)

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