jueves, 4 de agosto de 2011

María

María tiene solo 20 años, lo que para la calle es casi sinónimo de 80. Toce, porque esta enferma, tiene sida y fuma porque no tiene nada para comer. Sus cabellos parecen quemados por el sol y matizados por la suciedad, sus ropas están rotas y muy ajadas. Al menos tiene medias para abrigar sus pies... pero medias rotas que más parecen un trapo atado a la semejanza de una media. En su mirada hay confusión y algo de enojo. Quizás sea enojo con la vida, con su suerte; en cuanto a la confusión, es probable que su causa sea la droga que también consume. Pasa sus días al refugio de un árbol o metida dentro de un yuyal donde atiende a sus clientes - ella es prostituta - . Dice que es huérfana y su familia vive en otra parte del país. Lejos. A su corta edad ya tuvo 4 hijos, pero ninguno vive con ella, y quizás para ellos eso sea mejor, ya que ella no puede hacerse cargo ni de si misma...
¿Qué solución darle a María? Esta enferma, quizás podría ser llevada a un centro asistencial o ser beneficiaria de algún programa especial para ella; pero no se la puede obligar a recibir la asistencia que no quiere. Su vida es ya un callejón sin salida, y cualquier ayuda no es más que un parche, pero por supuesto un parche es mejor que nada.
María es solo un rostro anónimo en una calle fría de nuestro país, y quizás no sea el que más conmueve, después de todo no es un niño o niña de la calle, o un anciano olvidado, o un indígena desterrado. Es una persona joven, que quizás y solo quizás de haber elegido otro camino, hoy podría haber estado en su casa, estudiando, con su familia, incluso criando a sus hijos, pero no podemos juzgarla, no somos María. Y mientras contamos su historia, al menos la parte que conocemos, María esta allá, con este frío, tratando de sobrevivir bajo el refugio de un árbol, sintiendo como el frío se mete entre sus huesos. Puede que contar su historia no tenga ningún resultado efectivo, quizás sea completamente inútil relatarla. Y la intención es solo eso, dejar testimonio de una de esas tantas caras que a veces no queremos ver, un rostro de la pobreza que deambula por nuestras calles sin esperanza.

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