lunes, 14 de noviembre de 2011

Cuento: Peripecias en la playa, 1ra parte

¡Por fin de vacaciones! Era mi primer día en esa hermosa ciudad brasilera con costa en el Atlántico y aunque el día estaba nublado no quise perder la oportunidad de caminar a orillas del mar.
Me hospedaba en un pequeño hotel de no se cuantas estrellas, con instalaciones más bien sencillas pero acogedoras, cuya dueña, Coca, una señora de setenta y tantos y su marido Chino, llevaban adelante con esfuerzo. Ambos eran tan cordiales y atentos que lejos de parecer los dueños de un hotel parecían unos abuelos o tíos bondadosos que se preocupaban de que nada le faltara a sus huéspedes. Aquella mañana, la primera de mis vacaciones, después de un delicioso desayuno, al ver que me preparaba para dar un paseo la señora Coca me ofreció el paraguas que tenía cerca de su mostrador,
- Va a llover. - me dijo y ante mi renuencia, insistió - No es buena idea que te resfríes en tus vacaciones.
- Esta bien. llevaré el paraguas.
               Fue entonces cuando me percate de la figura color miel que reposaba bajo el viejo mostrador de madera.
- ¿Y ese quien es?
- Este de aquí es Crispin, el perro de mi marido. Esta un poco viejo ya, y ve muy poco.
               Yo ya estaba acariciando el claro pelaje del viejo perro de raza mixta, quien en respuesta me movía la cola con alegría. La señora Coca me dijo que a Crispin le gustaba pasear por la playa, y como ese era mi destino, no se me ocurrió mejor idea que ofrecer llevarlo a dar una vuelta. Coca sonrió y trajo el collar.
- No es que vaya a escaparse, pero necesita que a veces le estiren un poquito para no chocar con un árbol o un poste.
          Menuda decisión la mía, salir de paseo con un perro semi ciego. Pero al menos Crispin parecía disfrutar igual que yo del aire puro que se desprendía del mar. Las nubes en el cielo estaban resueltas a no dejar brillar al sol. Aun así, la mañana era hermosa, había paz y como no había nadie, parecía que la playa era solo mía. Me quite los zapatos y me lancé a caminar por la arena con los pies descalzos. Sentía que el mundo era mio.... Pero antes necesitaba usar el baño, y como no deseaba aun volver al hotel, me puse a buscar algún lugar propicio. Debo decir que la playa, aunque fuera de temporada, aun contaba con puestos donde el turista podía servirse algún refrigerio, baños, etc... y el más cercano de todos fue un baño que me causó risa de solo mirarlo, en sus puertas estaban dibujadas figuras alusivas al género de las personas que podían usarlo... Bien, entonces decidí atar a mi compañero de cuatro patas a un poste cercano y me acerqué al baño donde se encontraba dibujada una chica en bikini. Para mi gran sorpresa, la puerta estaba llaveada.
- Ayyy nooo, - dije y vi a nadie por allí que pudiera tener la llave.- ¿Qué hago?
        Mire a mi alrededor y si, la playa seguía desierta. Entonces decidí que no tenía más remedio que probar la puerta de  al lado, y para mi fortuna esta no estaba llaveada. Atajé la respiración y entré. Minutos después salí, y casi me llevo por delante a un muchacho que me miró con igual sorpresa. Alto, delgado, cabellos oscuros, piel clara y enormes ojos negros que me miraron divertidos.
- ¡Eyy! - me espetó - Creo que te confundiste de baño.
No me digné en contestar, solo sonreí y seguí mi camino. Fui directo a desatar a Crispin, pero para mi gran susto este ya no estaba en su lugar... Mire a mi al rededor y empecé a llamarlo, al principio casi en un susurro pero luego lo llamé en serio. El enorme perro no podía estar lejos, y no era posible que un animal así se escondiera con facilidad, además, apenas veía. No tuve mejor idea que golpear la puerta del baño donde se encontraba el desconocido...
- Ocupado. - dijo el hombre pero yo no lo dejé tranquilo y seguí golpeando.
 Fue tal mi insistencia que él no tuvo más remedio que abrir.
- ¿Que te pasa, es que no tenes nada mejor que molestar a las personas que van al baño? - y entonces me di cuenta que debía ser paraguayo igual que yo.
Bueno, eso no viene al caso.
- Por favor, necesito saber si viste a un perro atado al poste.
- ¿Perro? - dijo con sorpresa - No vi ningún perro.
- Ay no. - yo empezaba a desesperarme.  
                                          (continuará)

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