lunes, 14 de noviembre de 2011

Peripecias en la playa, segunda y última parte

Crispin el docil perrito de la dueña del hotel donde me hospedaba se había extraviado. ¿Es que acaso no lo había asegurado bien al poste donde lo había dejado antes de entrar al baño? El desconocido se ofreció a ayudarme a buscarlo cuando le conté que el pobre perro además de viejo estaba casi ciego y yo moría de miedo de que lo atropellara un auto o se ahogara en el mar.
- No, no le va a pasar nada. - me dijo. - Seguramente el conoce este lugar mejor que nosotros. Por cierto, me llamo Damian.
Me estrechó la mano en un saludo firme y seguro y comenzamos a recorrer la playa en busca del escurridizo perro. El movimiento en la ciudad empezaba a aumentar y nosotros llamábamos a Crispin sin suerte alguna.
- ¿Me dijiste que esta ciego? - me preguntó.
- Semi ciego. - contesté - Cuando veníamos a la playa tuve que estirarle varias veces de la correa para que no choque con los árboles o los basureros que había en nuestro camino.
- Pobrecito. Pero quedate tranquila, no le pasará nada.
Mientras reacorríamos esa inmensa playa, cuya extensión parecía perderse en el horizonte, los dos nos contábamos nuestra historia de vida. Me dijo que estaba estudiando y que también era músico, que había venido a la ciudad a tocar con una banda, a ganarse unos extras y conocer más gente. La charla era fluida, sin pausas más que para buscar al perrito perdido, parecía que nos conocíamos de toda la vida. A nuestro al rededor, la gente empezaba a llenar la playa. Jóvenes, viejos, algunos niños, gente que iba a pasear, a hacer ejercicios, o a nadar, o simplemente disfrutar de aquel hermoso regalo de la naturaleza. También mi preocupación porque no encontrábamos a Crispin iba en aumento.
- No se qué voy a decirle a doña Coca. - comenté suspirando.
- Bueno, dudo mucho que te denuncie o algo así.
- Sigue siendo la mascota de los dueños del hotel.
             Habíamos avanzado unas seis cuadras cuando, algo resignados, decidimos volver sobre nuestros pasos. A esta altura, Damian me dió un abrazo, iba a mi lado como diciéndome fuerza, que no me rinda. Y yo me sentía triste, preguntándome qué le había pasado a Crispin, y dándole vueltas en mi mente a lo que le diría a su dueña, quien, por más viejo y disminuído que se encuentre, de seguro ocupaba un lugar muy importante en el afecto de los dueños del hotel. Era su mascota y yo la había perdido.
        Y entonces sucedió lo impensable... No sé porque los dos al mismo tiempo nos fijamos en un grupo de chicos que no debían de tener más de diez años, eran cinco o seis chicos, gritones, super animados que parecían divertirse con algo en medio de la playa. Uno de ellos llevaba un balde con arena y otros dos tenían palanganas. Seguramente estaban haciendo un castillo o algo así...
- ¿De qué color me dijiste que es Crispin?
- Crema - dije y Damian me tomó la mano y me hizo correr hacia al grupo de chicos que jugaban en la arenosa playa.
 Entonces me di cuenta de lo que estaba pasando. ¡Crispin estaba enterrado en la arena hasta el cuello!¡Los chicos lo habían enterrado!... Corrimos a rescatarlo, aunque para ser sinceros, el buen perro parecía feliz de ser el centro de atención de aquellos traviesos niños. Todos protestaron al ver que le quitamos su juguete animado, y uno de los más pequeños incluso le dió un pisotón a Damian, exigiendo que le devolvieramos su perro. Recién se calmaron cuando mi nuevo amigo les ofreció comprarle a todos un helado a cambio del perro... Por fortuna aceptaron y así el viejo Crispin pudo volver a casa sano y salvo, esta vez bien sujeto a su collar. Damian me acompaño hasta la puerta de mi hotel y se despidió de mi con un beso en la frente, preguntándome si nos volveríamos a ver.
- Ya sabes donde me quedo, - le contesté
- Si. - dijo él - ¿Tienes planes para esta noche?
Lo miré y sonreí, su ropa estaba manchada de arena después de haber bañado al perro en el mar. Claro dije que sí... Antes de que me metiera al hotel él me estiró del brazo y me acercó a él para luego, sin palabras plantificarme un beso en los labios.. Esa noche tenía una cita y ya estaba contando las horas para que eso suceda... Después de todo sacar a pasear a un perro semi ciego no fue una mala idea...

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