miércoles, 14 de marzo de 2012

El sueño de Alma, cuento corto

Una brisa en mi rostro que parecía una caricia, me despertó de pronto del sueño profundo en el cual me encontraba. Abrí los ojos poco a poco, pero era cómo si no pudiera ver o como si viera demasiado. Una luz blanca me rodeaba y estaba como metida en una capsula de silencio, ¿dónde me encontraba? ¿qué lugar extraño era ese?
Me quise mover, pero mi cuerpo no respondía, quise alzar los brazos pero estaban inertes... ¿Qué pasaba?
Luego recordé lo que había hecho y de pronto una gran tristeza se apoderó de mí, pero tampoco la sentía, quería llorar, pero solo sentía la brisa a mi alrededor, el silencio y esa enorme luz que lo rodeaba todo.
De pronto comprendí que no necesitaba mi cuerpo para moverme, era libre para ir a donde quisiera, y esa luz hermosa se llenaba de miles de arco iris, luces de colores que irradiaban calor y que me acariciaban la piel desnuda... ¿Dónde estaba? Sospechaba que no me encontraba en el cielo, pues me habían enseñado que los suicidas no van allí, un limbo talvez, una especie de purgatorio, para purgar ese repentino atrevimiento de decidir por mi vida...
Unas voces parecían llamarme, pero no entendía lo que decían...Alguien lloraba...¿mi madre?

Nadie lloraba, era solo yo, con la mano temblando aun de miedo, con la mano aun levantada y lista para pulsar el arma que serviría de vehículo.. Nadie lloraba, sólo era yo, mis lágrimas que caían sin parar, mis sollozos que me golpeaban sin cesar. No me había animado. Ahí estaba, sola como siempre, con el dolor que me agarrotaba la existencia, pero sin fuerzas, sólo cobardía.
- ¿Alma? - escuché la voz de mi madre que flotaba por la casa... - Alma, es hora de cenar.
Me sequé las lágrimas de prisa, me lave la cara y sonreí al espejo. Otro día, otro intento, a seguir, quizás no me había llegado la hora de partir.
- Ya voy, mamá. - contesté.

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