sábado, 7 de abril de 2012

Regalo de pascua

¡Pop!
En el silencio de la noche, aquello parecía el sonido de un tres por tres estallando, aunque solo fuera un discreto golpeteo. Al principio, Tomás creyó que estaba soñando y no le prestó mucha  atención, se dió la vuelta y trató de volver a dormir. Quizás había sido el control remoto de la televisión. Tenía la mala costumbre de dormir con el televisor encendido y casi siempre el  control amanecía en cualquier parte de la cama, o, más comúnmente, en el piso. Era un verdadero milagro que el dichoso artilugio siguiera funcionando luego de tantas caídas y golpes.
¡Pop! Encendió la luz, por una vez en la vida había dormido con la televisión apagada y el control remoto estaba a salvo sobre la mesita de luz...¿Entonces? ¡Toc-toc! Al darse la vuelta, Tomás supo que aquel golpe procedía de la ventana, alguien le estaba llamando. Al principio casi gritó de miedo y es que aquello se parecía a un fantasma, una aparición. Pero la aparición le sonrió y le hizo señas para que le abriera, y fue entonces que Tomás reconoció a su amiga.
-¿Laura?
Corrió a abrirle. La ventana de su pieza daba a la calle y así que no era la primera vez que su amiga o alguna otra persona se anunciaba de esa manera.Aun así, con esa lluvia torrencial, aquello se le antojaba irreal. Se abrazaron, ella estaba algo mojada, pero extrañamente no empapada como debería de estar con el diluvio que caía sobre la ciudad a esas horas. Olía rosas y a vainilla, como de costumbre. Tomás aspiró el aroma de su cabello mojado, era dulce, suave como ella.
- Pasa, te vas a enfermar. - dijo y se hizo a un lado para que ella pasara - ¿Y tu coche?
Al mirar detrás de Laura no había visto su coche, cosa rara. Ella solo sonrió y preguntó como estaba.
- Bien, feliz de verte.
Al no haber otro lugar donde sentarse en el pequeño cuarto alquilado, Tomás acomodó la colcha de la cama y le indicó a su amiga que se sentara a su lado, y ella asi lo hizo.
- Por cierto, te traje un regalo. - dijo ella y de su ropa sacó un emboltorio que se autoproclamaba como un huevo de pascua muy grande, de esos costosos.
Tomás sonrió, el chocolate era su perdición. Volvieron a abrazarse.
- No se que decir. - dijo luego él.
- No tienes nada que decir, quise traerte un regalo y ahí lo tienes, además, quería verte. Necesitaba verte antes de irme.
- ¿Irte? - preguntó él - ¿A dónde?
- Ya te explicaré en su momento. Ahora, quiero saber cómo estas, hace tanto tiempo que no hablamos.
Y así fue como se quedaron hablando por horas. De pronto el mundo afuera desapareció por completo, como antes, como cada vez que se encontraban. Eran amigos desde hacía un par de años, pero era como si se conocieran de toda la vida. Tomás y Laura, Laura y Tomás, más de una vez la gente había pensado que eran pareja, pero ellos se apresuraban a desmentir aquello, no fuera que Sofía, la novia de Tomás por entonces se pusiera celosa. De pronto, se vieron obligados a separarse, él consiguió trabajo en otra ciudad y aunque volvía cada tanto, la distancia se fue haciendo insuperable. Después discutieron, ya habían olvidado el por qué y no habían vuelto a hablarse más que en contadas ocasiones.Y ahí estaba ella, en esa noche de tormenta, radiante y sonriente, feliz de verle y Tomás, intrigado y feliz. Pero sin entender por qué aquello era una despedida.
- Al fin conseguí alguien que quisiera publicar mi novela. - comentó Laura.
-¡Bravo!- exclamó él - Quiere decir entonces que dentro de poco serás una escritora famosa.
- Ojalá, aunque me temo que mi fama será como la de muchos escritores, post mortem, después de la muerte.
- ¿Por qué? No, no seas negativa.
Ella sonrió tristemente.
- Lo simpático es que no estoy siendo negativa, solo digo una realidad. Pero bueno, antes de que se me haga tarde tengo que decirte por qué vine. No quería irme sin decirte que te amo.
- Yo también te amo.- dijo él sencillamente.
Pero ella le tomó la mano, la suya aun estaba fría por la lluvia bajo la que había estado.
- Hablo en serio, te amo. - dijo y sus ojos se posaron en él y parecieron atravesarlo.
Luego sin más ella se inclinó hacia él y lo besó. Fue un beso tímido al principio, inseguro. Pero luego se fue calando en él como se cala la lluvia, en forma intensa. Después Tomás no supo que pasó, supuso que se quedó dormido y que Laura, para no despertarlo, se fue en silencio. El día amanecía con un sol radiante cuando abrió los ojos. Afuera la calle cobraba vida, con bocinazos y gente apurada. Tomás se puso de pie, algo mareado. Llamó a Laura, con la esperanza de que ella se encontrara en el baño, o algo así, pero nada. Estaba solo.
Se dio la vuelta y sonrió al ver el huevo de pascua aun sin abrir. No había soñado, Laura había atravesado la ciudad para darle un regalo de Pascuas. Ahora él debía, como mínimo regalarle unas flores, o mejor, otro huevo de pascua.
Mientras se vestía, pensó en el beso que se habían dado. Nunca habría adivinado que su amiga podría estar enamorada de él. Jamás lo había sospechado. ¿Y él? No, no sabía. No le había mentido al decirle que también la amaba, pero a ciencia cierta que no sabía que responder. Un sonido fastidioso interrumpió de golpe sus alocadas elucubraciones. Era José, llamándolo en el celular.
- Amigo, que triste. - dijo, frase común viniendo de él- ¿Ya supiste?
- ¿Qué cosa?
- Es Laura.
- ¿Qué pasa con Laura?
- Amigo, ella murió.
Si un tren bala lo hubiera atropellado, Tomás no se hubiera sentido tan mal. Aquellas palabras lo dejaron tieso y luego le pidió a su amigo que no bromeara con esas cosas.
- No estoy bromeando, tarado. - dijo José - Laura está muerta, se suicidó ayer en la noche.
- No, no puede ser. Ella estuvo aquí, vino a verme, me trajo un huevo de pascua.
- Ahora el que bromea eres tú, Laura murió amigo, lo siento.
Tomás ya no pudo seguir escuchando, cortó la comunicación, se sentía mareado. Laura, muerta, no, no podía ser aquello. Si la noche anterior habían hablado, lo había besado, le había regalado un huevo de Pascua, y como prueba el huevo seguía ahí sobre la mesita de luz... Lo miró, como quien mira  a una cobra, temiendo que salte en cualquier momento, pero el huevo era simple, común, con un envoltorio caro, pero nada del otro mundo. Y sin embargo, Tomás vio que bajo el mismo había un papel doblado que él no había notado. Lo abrió. Con la letra de ella, iba una carta dirigida a él:
"Si, Tomás, no lo soñaste, vine a visitarte, quise despedirme de tí antes de irme. Quizás ahora sepas lo que hice y porqué dije que venía a despedirme. Es verdad, me suicidé, no pude más, estaba profundamente herida de tristeza, de soledad y ya no pude soportarlo.
No pienses que tienes algo que ver en esto, es decir, no quiero que te culpes, nadie tiene la culpa, lo mio es una enfermedad, es una tristeza que no puedo explicar. Y es algo más fuerte que yo. A tí solo me queda darte las gracias por todo lo que compartimos, cuando estuvimos juntos fui la mujer más feliz del mundo aunque siempre supe que no me correspondías en mis sentimientos. Eso nunca importó. Te amo, sin importar nada más. Quería que lo supieras.
Quizás te preguntes cómo esta nota y el huevo de Pascua que compré para vos pudo llegarte, y la verdad no se, digamos que fue un último deseo que se me cumplió. Ahora me voy, en paz a un mundo que espero sea mejor que este, y me llevo conmigo un beso tuyo, te amo. Laura."
Tomás se sentó en la cama y de pronto sintió que las fuerzas lo abandonaban. Lloró por su amiga y tuvo que leer muchas veces esa esquela antes de poder poner en orden sus ideas. El mundo afuera seguía su ritmo sin pausas, indiferente, ignorante. Ahora sabía que de nada serviría llevarle un huevo de Pascua a Laura, tendría que comprar unas flores para ponerlas sobre su cajón... ¿Acaso sabía qué flores le gustaban?

De variado


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