domingo, 23 de septiembre de 2012

Recuerdos en una plaza

Ayer, buscando un poco de relax, fui a visitar una plaza que ha estado siempre ahí y que conozco desde niña, pero que hacía mucho tiempo no la disfrutaba. La plaza lleva el nombre de "Infante Rivarola" y está ubicada en diagonal al famoso Shopping Mariscal López,en Villa Morra (aunque según algunos planos de la ciudad, el barrio al que corresponde es al de la Recoleta, pero tradicionalmente y a quien le preguntes te va a decir que esta en el barrio Villa Morra) a solo unas cuadras de mi casa. Un lugar, que gracias a Dios se ha recuperado y aprovechado, antes de convertirla, como se temía en otro estacionamiento más para nuestra ciudad que crece sin medidas y sin planes futuros, atestada de autos...¡Eso hubiera sido una catástrofe!
Mis recuerdos de ese lugar, si bien vagos, se han quedado como imágenes indelebles en la retina. Me acuerdo que cuando estaba en preescolar, las profesoras nos llevaban a jugar entre sus enormes árboles. Tengo grababa en la cabeza ese enorme cantero con los añosos cocoteros que parecían llegar al cielo, y ayer, para mi alegría, vi que dos de ellos han sido conservados, usando parte de ese su viejo hogar. No puedo recordar si había juegos infantiles, solo sé que ahí me paseé entre árboles que parecían  gigantes.
Luego, el tiempo pasó, y la plaza fue ganada por la gente, convirtiéndose en un improvisado mercadillo y, casi, al mismo tiempo, en un vertedero. Las plantas empezaron a secarse, los bancos a pudrirse y romperse. Y de pronto, la plaza se convirtió en un lugar de paso, para la gente que bajaba del omnibus o se iba a tomar uno. Un lugar de paso peligroso y sucio.
Saben, no veo nada de malo en que la gente se ponga a vender sus productos, pero el problema es que nuestra gente lastimosamente no sabe mantener la limpieza, tira su basura donde se le antoja y no cuida los espacios comunes. Por eso, al fin de cuentas, me alegro que la Municipalidad haya cerrado la plaza con rejas y haya recuperado este lugar con espacios verdes hermoseados y hasta puntos donde se puede hacer ejercicios. Ayer vi tanto color y armonía, que pude sentir esa sensación de paz que solo puede dar la naturaleza. Si, teníamos el estruendoso ruido de los autos, con sus bocinas y alguna que otra sirena de ambulancia, pero eso no impidió que disfrutara de un buen rato, leyendo un libro en uno de sus bancos, bajo una glorieta de madera. Solo espero que este lugar sea conservado y que nosotros sepamos cuidarlo para que el día de mañana pueda mostrarle a mis nietos ese lugar donde antes yo jugaba.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho tu relato estimada Roxana, me identifico con el porque he vivido esa experiencia en varias ocasiones, visitar los sitios que frecuentaste de niño y encontrarse que algunos ya no son lo que eran y otros se niegan a morir manteniendo vivos nuestros recuerdos.
    Pero asi son las cosas lamentablemente.
    Un placer visitarte.

    Abrazos desde El Salvador.

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    1. Hola Chogui, gracias por tu comentario, es verdad, muchas veces me ha pasado que al ir por algún lugar que solía frecuentar cuando era chica, lo veo cambiado. Dan tristeza cuando se ven lugares queridos destruidos. Afortunadamente, en el caso de esta plaza, la misma se ha recuperado y ahora es un hermoso lugar para disfrutar.
      Gracias otra vez por visitarme y espero que nunca dejes de hacerlo.

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